Presunto Culpable (2008)

Dos años y medio han pasado desde que Presunto culpable se estrenó en el festival internacional de cine documental en Amsterdam. Finalmente, después de vagar por una gran cantidad de festivales, entre los que se encuentra el de Morelia donde pasó con una efímera polémica, el filme dirigido por Roberto Hernández y Geoffrey Smith, acerca del juicio y encarcelamiento de un hombre inocente en la ciudad de México, consigue impactar de lleno las salas comerciales de su país de origen precedido de un tremendo escándalo. No es para menos.

Me maravilla el hecho de que un documental así pueda estrenarse en las salas de cine comercial, me maravilla que los realizadores de este filme no hayan recibido ninguna visita incómoda de las huestes de alguno de los guardianes del orden retratados en la cinta, pero sobre todo me maravilla el hecho de que un país fundado en este tipo de organizaciones no haya estallado ya en mil pedazos.
Presunto culpable relata la terrible historia de Antonio Zúñiga, un hombre acusado de ser la mano ejecutora de un asesinato a plena luz del día, a quien dan una condena de 20 años de prisión. Antonio es un personaje interesante y atípico desde un principio. Poseedor de los rasgos físicos del mexicano clásico, el Toño es un breakdancer que trabajaba arreglando videojuegos y computadoras en un mercado ambulante, hasta que un buen día por múltiples problemas personales deseó que Dios lo matara o lo metiera a la cárcel. Días después de hacer su extraña petición, unos policías le comunicaban que había asesinado a un hombre y que “se había chingado”.
El grotesco milagro fue conocido por unos jóvenes deseosos de escarbar en la pocilga que es la justicia mexicana y las incongruencias inmediatamente comenzaron a aparecer. Abogados con certificados falsos, jueces que ignoran todas las pruebas para respaldar a los captores, fiscales que harían quedar a Forrest Gump como un superdotado, testimonios evidentemente falsos, policías a los que les dan cuotas por encerrar personas, estadísticas que hielan la sangre y juicios vendidos desde un principio son algunas de las perlas de mierda que este documental saca a la luz. El sistema penal mexicano queda desnudo para develarse como un monstruo despiadado y abominable.
La gran cualidad de Presunto culpable es que funciona como una especie de thriller. La edición es tan buena que poco a poco vamos entrando en la historia como si de una ficción se tratara, gracias al entrañable personaje principal y a una serie de secuencias de un nivel emocional extraordinario, que ponen los pelos de punta y que nos llevan de la mano a través de este relato donde, a pesar de todo lo que pueda pensarse, no hay ni una pizca de redención.
No quiero entrar en la polémica del caso de presunta censura que se quiere imponer al filme, ya que lo peor de todo es que creo que tiene un buen fundamento legal, porque queda claro que algunos de los implicados no dieron permiso para que utilizaran sus rostros, con lo que únicamente diré que me parece irónico, por decir lo menos, que aquellos que repudian lo visto en el documental quieran obviar la ley para que éste no se deje de exhibir en las salas de cine.
Mucho se ha comentado también que el filme no recoge la historia de la verdadera víctima (el muerto). Sigo sin entender ese punto de vista, ya que la trama tiene un enfoque reducido pero claro, tan claro que después de 24 horas de haberla visto, sigo impregnado del brutal patetismo de la que sin duda será una de las cintas mexicanas más sobresalientes estrenadas en el 2011.

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