Prometheus (2012)

La primera hora de Prometheus, el más reciente filme del veterano Ridley Scott, quien ha tenido una racha de veinte años bastante flojos como director, es una cátedra que demuestra la forma óptima en la que se debe construir tensión y expectativa dentro de una sala cinematográfica. Un maravilloso ejercicio visual y narrativo en el que con gran agilidad se introduce la historia de dos arqueólogos que, gracias a restos de arte milenarios, deducen la ubicación de un lugar remoto en el espacio donde supuestamente se encuentran los entes que crearon a la raza humana.

No carente de inconsistencias leves, como la organización de una expedición interplanetaria con un costo de un billón de dólares sustentada únicamente en apenas una decena de restos arqueológicos, los primeros dos tercios de Prometheus rápidamente se encarrilan en una dinámica de suspenso que sin duda recuerda a la conseguida en la estupenda Alien, filmada también por Scott hace treinta y tres años, pero más aún a su secuela, Aliens, dirigida por James Cameron.

Los integrantes de la expedición, entre los que destaca Idris Elba, quien encarna con gran acierto al capitán de la nave Prometheus y que en conjunto con una neofascista Charlize Theron asume el mando formal del viaje, consiguen aterrizar en el misterioso planeta que Noomi Rapace y Logan Marshall-Green, los dos arqueólogos desabridos culpables del descubrimiento, habían asociado a un hecho clave en el proceso que originó a la especie humana. Con la invaluable ayuda de Michael Fassbender, quien asume el papel de un androide que de forma irónica termina convirtiéndose en el personaje más multidimensional de la cinta, el peculiar grupo decide adentrarse en unas misteriosas construcciones que yacen abandonadas en la superficie del planeta, desatando con esto los acontecimientos que todos los miembros de la audiencia esperan con ansias.

La estupenda reconstrucción que Scott hace de la arquitectura orgánica planteada por H. R. Giger, máximo sello estético de la saga Alien, genera una experiencia visual extraordinaria, la cual contribuye en gran medida al incremento de esa atmósfera de tensión en la que se ven inmersos los personajes conforme comienzan a investigar el agreste planeta, recurriendo Scott a las situaciones límite que comúnmente se encuentran en este tipo de cintas, pero manejándolas con gran acierto.

Por desgracia el metraje de Prometheus sigue corriendo después de sus dos tercios iniciales y a partir de un acontecimiento que no relataré, el cual funciona como un brutal punto de inflexión narrativo, las inconsistencias que en un principio resultaban completamente asimilables y perdonables se salen completamente de control. Incapaz de darle al público una historia que satisfaga de forma coherente los cientos de preguntas planteados inicialmente, Prometheus se desbarata en un galimatías de secuencias absurdas, que evitan en todo momento responder cualquiera de los cuestionamientos lógicos que desarrolló la audiencia durante su primera parte, y que deciden centrarse en aspectos anecdóticos e intrascendentes del universo Alien. Aspectos que por otra parte se resuelven de forma absolutamente risible.

Toda la mitología, hasta cierto punto innovadora, que los guionistas Jon Spaihts y Damon Lindelof elaboran para Prometheus, poco a poco se destruye con secuencias de acción simplistas y predecibles, que se vuelven aún más anticipables para cualquiera que haya visto previamente el trailer de la cinta. Incluso las actuaciones, que en un principio se advertían potentes e interesantes, terminan sufriendo por los descalabros de un guión que erradica cualquier intento de profundidad dramática, pretendiendo conseguir un poco de intensidad filosófica con un estéril y pésimamente tratado debate sobre la creencia en un Dios.

Visual y auditivamente Prometheus es un festín grandilocuente que vale la pena experimentar, sin embargo Scott nos deja una vez más con la sensación de un filme que a pesar de haber intentado por todos los medios no serlo, resulta un producto demasiado convencional para lo que se esperaba de él. Convencionalidad que, por si fuera poco, se resuelve con una de las secuencias más burdas que he visto en lo que va del año y que es en sí un fiel reflejo de la que será una de las más grandes decepciones de esta temporada veraniega.

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